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¿Cuánto vale mi empresa?

Cuando tenemos bienes de fácil intercambio esta pregunta se hace en base a lo que el mercado está dispuesto a pagar, y aplica a propiedades, vehículos y prácticamente a todo bien debido a que existen portales web que en forma muy simple pueden determinar rangos de valor. 

Pero si alguien de pronto llega y le dice quiero «comprar tu empresa, cuanto vale?», la respuesta no es tan simple, porque si bien lo que el mercado este dispuesto a pagar siempre es una premisa, el acceso a esa información no es de simple acceso. 

En países desarrollados donde los sistemas contables y tributarios tienen normativas publicas, las empresas se transan como un bien más por que se asume que los valores estás auditados, revisados y controlados. 

En Latino américa el tema es asi sólo en corporativas, pero que pasa en los segmentos medios o pequeños? En este caso debemos realizar un proceso de valorización que si bien no es extenso en tiempo, puede ser complejo por la calidad de la información. 

Qué hace dificil este proceso? eventos como estados financieros no auditados, cambios continuos de estilos contables, confusión entre bienes de la empresa y los accionistas, etc,etc 

Por esto si ud quiere responder esta inquietud y asÍ como sabe el valor de su casa, de su vehículo, de su departamento en la playa, debe asumir que es mejor estar preparado a responder esta pregunta con anticipación para no embarcarse en una venta que lo haga encontrarse con incómodas sorpresas.

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Pymes: Prevenir o Lamentar

El sentido común nos dice que durante el invierno debemos estar atentos al informe meteorológico para que no nos sorprenda la lluvia sin la ropa adecuada y el paraguas. Si no estamos preparados, obviamente podemos mojarnos. En un escenario ideal, las empresas también toman todos los resguardos financieros necesarios para no ser sorprendidas por una crisis que ponga en riesgo, no sólo el cumplimiento de sus obligaciones, sino también la sobrevivencia misma del negocio. 

Lamentablemente la realidad de muchas micro, pequeñas y medianas empresas -que reúnen el 98% de la capacidad laboral del país- demuestra que aún hay bastante improvisación en la gestión financiera. Las compañías no detectan dónde están sus debilidades hasta que un evento local o global -una crisis, cambios de mercado o tecnológicos- les revela amargamente que podrían haber evitado una debacle si hubieran estado «blindados». 

En tiempos normales y de bonanza es cuando hay que prepararse apropiadamente para las crisis, pues cuando ésta llegó ya no hay tiempo. No hay que olvidar que la economía se mueve en ciclos de altos y bajos, de estabilidad y volatilidad. Expertos que han estudiado el tema destacan que las grandes crisis se producen aproximadamente cada 10 ó 12 años a nivel mundial y que ocurren cada vez en períodos más cortos. 

Un guerrero sabio sabe que no puede esperar recibir un ataque para recién decir: «deberé diseñar y elaborar mi propia armadura» o «consigan un herrero que me dé una armadura resistente a todo». Ese momento ya pasó, y ahora él deberá estar todo el día en la trinchera, resistiendo los embates de sus enemigos y en los pocos momentos de descanso, soñar con el tiempo que perdió. 

De manera análoga, las empresas deben estar blindadas financieramente para enfrentar sus desafíos. Para las empresas chilenas, su principal armadura es el capital de trabajo, ya que en general éstas no quiebran o pierden su batalla porque sus productos sean deficientes, sino por no saber ocupar de manera óptima su «flujo de caja». 

La más reciente crisis internacional alertó que muchas Pymes en Chile aún no han tomado en serio que el manejo de este concepto es vital a la hora de planificar el desarrollo del crecimiento o decrecimiento, por razones propias o externas. Un desfase de flujo de caja puede hacer que una gran idea, un tremendo esfuerzo innovador o años de esfuerzo familiar empresarial, desaparezcan por la falta de un blindaje financiero apropiado.